Fueron años de espera, de plantear el proyecto una y otra vez, un tema de varias administraciones sin resultados.
Hoy todos hablan del Puente Nichupté, de la obra que inaugurará Claudia Sheinbaum, del proyecto que conectará a Cancún con la zona hotelera para dar mayor movilidad a una ciudad que creció aceleradamente, pero con una necesidad urgente: la de hacer más eficiente el tránsito vehicular del destino turístico más importante de Latinoamérica.
El Puente Nichupté se convierte en una realidad tangible para Cancún y tal vez no hubiera sido posible sin gestiones y logros, mismos que recaen de manera directa en Mara Lezama, quien pasará a la historia como la gobernadora que consolidó una añeja demanda.
Representa un antes y un después en el desarrollo de la ciudad, se trata de una infraestructura de gran escala, necesaria y emblemática porque no solo reducirá tiempos de traslado, aliviará la saturación del Boulevard Kukulcán, una vía al límite de su capacidad.
El impacto va más allá de la movilidad, esta nueva vía fortalece la competitividad turística de Cancún, cuya economía depende del turismo. Obras como esta no son un lujo sino estrategia.
Mara Lezama logró destrabar un proyecto largamente postergado convirtiéndose en uno de los más relevantes de Quintana Roo en los últimos años.
Su inauguración marca la apertura hacia una nueva movilidad y el cierre de un ciclo de espera.
El Puente Nichupté es el reflejo de que los proyectos pueden concretarse cuando existe voluntad, coordinación y visión de largo plazo y enmarca, además, el festejo de los primeros 56 años de la ciudad.
