Viene el proceso interno de Morena para elegir coordinadores estatales o lo que es lo mismo candidatos a gobernador. El discurso gira en torno a una palabra que se repite una y otra vez: unidad.
Desde la dirigencia se asegura que el objetivo es fortalecer un proyecto colectivo por encima de los intereses personales.
Sin embargo, la verdadera prueba no será durante el registro ni mientras se desarrollen las encuestas, sino al momento de conocer los resultados.
Más allá de los acuerdos que se tomen y de que algunos asuman con madurez la decisión de su partido, la historia demuestra que la unidad prevalece mientras exista la expectativa, pero esta desaparece cuando los números no favorecen.
Ahí es donde realmente se verá el compromiso y el discurso con el proyecto o si emergen las fracturas, los grupos internos y las inconformidades.
El reto es mantener el crecimiento de un movimiento que concentra el mayor número de espacios a nivel nacional, en medio de un panorama complejo ante los señalamientos y acusaciones contra personajes que han llevado a Morena a estar en la polémica y que, evidentemente, recaen en la gestión de la presidenta Claudia Sheinbaum.
Y seguramente habrá quienes decidan permanecer, sumar y respetar los acuerdos, pero la verdadera evaluación llegará al final del proceso, cuando se conozcan los nombres de quienes encabezarán los proyectos estatales y se confirme si la llamada “unidad” fue una convicción genuina o una estrategia temporal.
