Hoy Playa del Carmen conmemora 33 años de vida. Aquel pueblo de pescadores, que durante décadas fue punto de paso hacia Cozumel, se transformó en uno de los destinos turísticos más importantes de México y en una ciudad reconocida internacionalmente.
En el corazón de la Riviera Maya, Playa del Carmen no fue construida únicamente por las inversiones. Su verdadera fortaleza está en sus pioneros y en las miles de personas que llegaron desde distintas partes de México y del mundo para trabajar, emprender y encontrar una oportunidad.
El crecimiento, sin embargo, también ha tenido un costo, como ocurre en toda ciudad: su expansión ha avanzado más rápido que su infraestructura. Playa del Carmen proyecta una zona turística moderna y próspera, pero aún mantiene colonias con rezagos en movilidad, drenaje, pavimentación, vivienda, seguridad y servicios públicos.
Su historia política, a lo largo de estos 33 años, también ha estado marcada por el endeudamiento, la opacidad y el manejo cuestionable de los recursos públicos. Administraciones de distintos partidos han actuado, en diferentes momentos, como si el presupuesto municipal fuera un botín. Se han acumulado observaciones, contratos controvertidos y decisiones financieras cuyas consecuencias terminan pagando los ciudadanos.
En la revisión de la Cuenta Pública 2021, la Auditoría Superior de la Federación dejó pendientes por aclarar 326.7 millones de pesos. En la correspondiente a 2023, determinó un probable daño a la Hacienda Pública por 90.5 millones de pesos, debido a la falta de documentación suficiente para acreditar diversos servicios y adquisiciones. Son cifras que obligan a hablar no solo de errores administrativos, sino también de posibles responsabilidades.
En este aniversario, la situación financiera no es la excepción en la gestión de Estefanía Mercado. La reciente disminución de la calificación crediticia del municipio constituye una señal de advertencia sobre el estado de sus finanzas y la capacidad del gobierno para mantener un equilibrio entre ingresos, gastos y obligaciones.
A ello se suma la crisis provocada por el sargazo, que afecta las playas y la imagen turística del destino, y que exige una inversión permanente en recolección, maquinaria, personal y estrategias de largo plazo.
En Playa del Carmen, diversos sectores también han cuestionado la realización de eventos masivos, espectáculos y conciertos a los que se destinan millones de pesos, mientras persisten necesidades urgentes en la ciudad.
Playa del Carmen ha sido generosa, pero sus gobiernos han respondido, en distintos momentos, con deuda y promoción personal. Las celebraciones, los conciertos y los discursos no pueden ocultar la realidad.
Hoy corresponde reconocer a los fundadores y a la sociedad que levantó este destino, pero también exigir cuentas. Playa del Carmen no pertenece a un partido, a un grupo político ni a la administración en turno. Pertenece a quienes viven y trabajan en ella.
Que los próximos años no se midan únicamente por el número de hoteles, visitantes o inversiones, sino por la transparencia de sus gobiernos, la protección de sus playas, el crecimiento ordenado y la calidad de vida de sus habitantes.
